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Artículo: Reflexiones sobre Kata – 1ª parte.

Por Vicente Borondo, Menkyō kaiden de Shintō Musō ryū

Kata y entrenamiento mediante kata se puede ver en cada cultura y periodo histórico, y por supuesto en diferentes campos de conocimiento. En este artículo me gustaría concentrarme en algunos de los diferentes aspectos del kata en el contexto del Budō/Bujutsu1 japonés y más adelante específicamente dentro del Shintō Musō ryū.

¿Qué es kata?

Kata se traduce normalmente como “patrones o formas preestablecidas”. En el contexto del Budō/Bujutsu japonés vendría a ser “formas de combate preestablecidas”.

Pero kata es mucho más que eso dependiendo de cómo queramos mirarlo.

Kata era el medio preferido para preservar y transmitir principios y técnicas relevantes para el combate entre la clase guerrera en Japón. Estas técnicas y principios, cuando eran obtenidos a través de revelaciones o experiencias místicas de individuos que habían pasado la mayor parte de sus vidas persiguiendo la perfección marcial, dieron lugar a los diferentes ryū (escuelas o tradiciones). Pero uno no quiere que sus enemigos (o enemigos potenciales, que en la época en que se crearon estas primeras escuelas era prácticamente cualquiera que no perteneciese a tu grupo) conozca las tácticas y técnicas de su escuela, por lo que normalmente kata era “información encriptada” donde incluso cada gesto o pausa puede tener un significado desde el punto de vista marcial. Esta encriptación se hacía mediante la ritualización del contenido del kata que la convertían en metáforas del combate real. Para entenderlo uno necesitaba una suerte de código que normalmente aparecía contenido en el gokui, los secretos de la escuela. Esto no solo era específico de las tradiciones de Budō/bujutsu, todas las artes tradicionales japonesas basaban su transmisión en un modelo que implicaba la iniciación en ciertos secretos únicos de esa escuela.

En este sentido kata puede verse como un koan2, presentando al estudiante un “acertijo” al que tiene que encontrar respuesta, siendo el keiko3 el medio para conseguirlo… Solo tras años de práctica, repitiendo las diferentes secuencias una y otra vez uno alcanza la madurez necesaria para entender lo que el kata quiere enseñar.

De esta forma, los diferentes kata y sus series dentro de un ryū se pueden tomar como capas que uno va “pelando” hasta que llega al núcleo, que se corresponde con los secretos profundos de esa tradición. En realidad, lo que uno se encuentra es que de hecho uno ha estado aprendiendo estos secretos desde el principio mientras pasaba por los distintos niveles y que los llamados hiden kata4 son la confirmación de esto.

Aun así para muchos otros, el trabajo de kata y su práctica es simplemente un medio para alcanzar el autoperfeccionamiento; un proceso a través del cual el individuo puede llegar a la iluminación. Para los pioneros probablemente esta iluminación venía como consecuencia de lo que se llama musha shugyō5, siendo la persecución de la excelencia como expertos marciales su principal objetivo, mientras que después, para muchos practicantes, el llegar a este este estado de iluminación o satori6 se convirtió un objetivo en sí mismo.

En el sentido puramente físico, el entrenamiento de kata también sirve para acondicionar el cuerpo y para internalizar movimientos que de otra forma no saldrían naturalmente. Esto es extremadamente importante en combate real ya que el miedo que uno seguro que puede experimentar al enfrentarse a la muerte puede provocar parálisis7 y este sí que puede ser un enemigo más poderoso que el propio oponente. A través del katageiko (entrenamiento en kata) uno adquiere unos pocos patrones de respuesta válidos para una amplia variedad de ataques o situaciones de combate y enseña al cuerpo a reaccionar ante estos de forma espontánea e inmediata.

Sin embargo, lo que el kata nunca debe ser es una danza vacía que aspira solo a ayudar a memorizar gestos y posturas.

Parémonos un momento y miremos a los kanji (ideogramas) que se usan para escribir la palabra “kata”: Hay dos maneras de escribirlo; y . Las dos se leen como “kei” en chino y “kata” en japonés. En ambos casos significa “forma”, “patrón”, “molde”… Pero solo en el segundo caso () se pronuncia también “katachi” en japonés y esto incluye el concepto de “estado mental” y “espíritu” en su significado. Para el difunto Nishioka Tsuneo sensei entre otros maestros, es este último el que tiene relevancia en Budō: Una forma o patrón acompañado del estado mental o espíritu correctos. Y esto viene de la apreciación y adecuado entendimiento de lo que trata el combate a muerte (shinken shobu).

Es primordial para la supervivencia de las escuelas de Budō/bujutsu el transmitir esto correctamente a las futuras generaciones.

Muchos de los maestros más antiguos creen que a las nuevas generaciones les falta este espíritu y que solo hacen “kata gimnástico”, enfatizando la competición por encima de todo lo demás o sólo pendientes de avanzar en el conocimiento de los movimientos de los kata del curriculum de la escuela como si estuviesen coleccionando premios.

Tipos de kata

La creación de un kata dependía de aspectos como lo social, político geográfico o cultural. Ciertas técnicas no han sido prácticas en un momento histórico determinado pero si en otro. Por ejemplo, para un guerrero del llamado Sengoku jidai (periodo de los Estados en guerra, 1467-1568) que posiblemente tendría que luchar con el yoroi (armadura japonesa) y en terreno irregular, no tendría mucho sentido aprender a lanzar patadas altas a la cara de un oponente. Es lógico por tanto que no se vean este tipo de técnicas en los curriculum de las escuelas originadas en ese periodo. Los cortes en shōmen (corte vertical descendente dirigidos al centro de la cabeza del oponente) tampoco hubieran sido muy prácticos en el campo de batalla debido al kabuto (casco japonés), o andar deslizando los pies sobre el suelo ya que sería bastante difícil (al contrario que en la mayoría de los dojos de Budō hoy día) por lo irregular del terreno en que se batían y el tipo de calzado que usaban.

En general, desde cierto punto de vista diría que podemos dividir los kata en cuatro tipos;

1) Aquellos kata basados en experiencia de combate real; estos son seguramente los más antiguos como los que componen Gokui (los secretos de una escuela), la revelaciones de los fundadores. Lo habitual es que hayan sido codificados en un pequeño número de kata (formas)

2)Los kata creados para explicar o profundizar en los anteriores; estos probablemente también fueron creados al comienzo de la historia del ryū, en tiempos cuando todavía el uso del arma enseñada por la escuela estaba en pleno apogeo.

3)Kata creados en tiempos de paz por individuos sin experiencia real en combates a muerte; Desde principios del siglo XVII, con la llegada de la llamada “Pax Tokugawa”, la necesidad de recurrir a la violencia decreció y por tanto también las oportunidades de verse involucrado en combates a muerte. En realidad, la mayoría de los ryūha (otra palabra para denominar “escuela”) fueron creados y florecieron durante este periodo de la historia japonesa.

4)Kata creados para explicar o profundizar en los kata del tercer tipo. Estas son sin lugar a duda las más recientes en cualquier escuela.

Imagino que la mayor parte de los ryū que han sobrevivido hasta hoy tienen kata de los cuatro tipos en su curriculum, debido a la evolución natural y capacidad de adaptación a los tiempos de estas entidades, pero creo que es importante para los practicantes de cada escuela el saber en qué periodo histórico fueron añadidos los diferentes kata.

Peligros del katageiko y la transmisión de los kata

Como cualquier cosa, el katageiko (la forma abreviada de “kata keiko”, entrenamiento en formas pre establecidas) tiene su lado negativo.

El primer y más común de los errores cuando nos concentramos en el entrenamiento de kata es la inevitable tendencia a mecanizar, especialmente a nivel de principiante, lo cual es hasta cierto punto normal y previsible, pero sorprendentemente no sólo ellos. El problema lo tenemos cuando los practicantes avanzados quedan estancados en este nivel y cuando practican no parecen tener en cuenta lo que el oponente hace, ellos se limitan a seguir su propia agenda. En realidad, esto es una clara muestra de que el practicante en cuestión no tiene la más mínima idea de que trata una lucha a muerte. Imagino que a algunos solo les preocupa convertirse en los “más chulos del cementerio”.

Debido a que los ryū son entidades vivas, de algún modo continúan evolucionando y adoptando cambios que ayudan a la supervivencia de la escuela. Pero algunos cambios pueden ser peligrosos. ¿Cuales? Obviamente aquellos que afectan a la esencia de la tradición, uno debe tener mucho cuidado aquí. A menudo cuando un instructor se enfrenta a un problema para el que no tiene respuesta suele salir del paso “inventándose” una (probablemente con la mejor de las intenciones). Y como todo es de alguna manera justificable, este proceso puede ser potencialmente muy peligroso ya que puede llevar a modificaciones arbitrarias y dañinas desde el punto de vista de la tradición. Lo más probable es que estas modificaciones sean perpetuadas por las sucesivas generaciones de alumnos que a su vez en su momento se convierten en profesores y transmisores de la escuela.

Entonces, ¿Deben ser los kata periódicamente revisados y eventualmente modificados, o deben ser mantenidos inmutables para siempre? Bueno, aquí creo que debemos tener en cuenta las palabras del sabio griego Heráclito quien alrededor del 500 a. C. decía: “Lo único que es constante es el cambio”. Lo que quiero decir es que los cambios van a ocurrir, lo queramos o no. Dicho esto, desde nuestro punto de vista (exponentes del koryū bujutsu), si alguien tiene algún derecho a hacer cambios de forma consciente en cualquier tradición, ese sería el sōke, un menkyō kaiden o alguien con ese nivel de legitimidad… Solo ellos ya que son los únicos que, al menos en teoría, tienen la experiencia y el conocimiento completo de la escuela.

Pero en mi opinión, incluso estos deben ser sumamente cautelosos. Es mi convencimiento que ciertos grupos de kata como por ejemplo Hidden gokui no deberían ser tocados ya que son la expresión directa de la experiencia de nuestros fundadores en combates reales. Probablemente lo mejor y lo más seguro es que el instructor coja cualquier kata, lo desmenuce, juegue con él, lo investigue etc. pero a la hora de transmitirlo debería volverlo a recomponer en su forma original de nuevo antes de dárselo a la siguiente persona.

Otro de los peligros lo encontramos en el otro lado del espectro. Es cuando, tal y como lo pone un buen amigo y también menkyō kaidensha (poseedor del certificado de menkyō kaiden), uno se convierte en “prisionero del kata”. A todos nos han dicho en algún momento que si tal o cual movimiento se tiene que hacer de una forma concreta, en un ángulo concreto, con unos pasos concretos etc. De alguna forma implicando que solo hay una forma correcta de hacer las cosas… Entonces el kata se convierte en algo rígido y estancado. Por supuesto esto esta bien y es necesario cuando uno está al nivel de principiante, pero a partir de cierto momento esto se puede convertir en un obstáculo para la progresión de uno en el arte. A menudo es una cuestión de donde poner el acento; por ejemplo, cuando “expertos” discuten sobre si el siguiente golpe se hace avanzando, o retrasando, en vez de enfocarse en cuál es el objetivo y luego ajustar los pasos para lograr llegar de la mejor forma posible. Es cuando uno se vuelve en “más papista que el Papa”. No hay que ser muy avispado para darse cuenta que esto esta íntimamente ligado al primero de los problemas que he mencionado anteriormente (la pura mecanización de los movimientos)

Es importante recordar que shinken shōbu (combate a muerte) nunca será como en los kata que practicamos así que uno siempre debe ser flexible. Es por esto que la sobre-ritualización y embellecimiento de los movimientos en kata (proceso denominado kahō) debería tener límites.

Otros peligros: Sobrevalorarse. Es fácil empezar a pensar que porque se mas katas o secuencias que mis compañeros tengo por tanto un nivel superior. Esto convierte a algunos individuos en meros “coleccionistas de katas” Hay un viejo proverbio en kyūjutsu (el arte de disparar con el arco japonés) que dice: “Cien manos, una mano; una mano, cien manos” Tal y como Saito Chōbō shihan, un respetado maestro de kyudō en la tradición Ogasawara explicaba el siglo pasado, “Una mano significa un par de dos flechas. Doscientos disparos realizados de cualquier forma son inferiores a tan solo dos disparos realizados con todo el cuidado”. Por tanto, no se trata de saber más secuencias sino de saberlas en profundidad.

La verdad es que a nivel de principiante todos pensamos que sabemos más de lo que en realidad sabemos. Pero por otro lado es un clásico de cualquier tiempo y lugar el pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor (o que los maestros de antiguo eran mejores).

1 Bugei/Bujutsu/Budō: literalmente Artes marciales/Técnicas marciales/Caminos marciales. Aunque algunos autores han establecido distinciones entre estos y los ven en términos de evolución, la verdad es que a pesar de la moda que impuso la palabra Budō en vez de Bujutsu a partir de la era Taishō (1912-1926) los maestros mayores tienden a usar ambos términos indistintamente.

2 Kōan: Acertijos del budismo zen. Preguntas y respuestas creadas por los maestros zen.

3 Keiko: Literalmente “Observar/estudiar lo antiguo”. Lo usamos para definir simplemente la “practica”.

4 Hiden, hiden gokui, gokui, okugi entre otros términos todos se refieren a los secretos últimos de una tradición.

5 Musha shugyō: Musha significa “Guerrero” y shugyō “entrenamiento” o “práctica”. Al ser shugyō una palabra de origen budista puede ser asociada también con la práctica ascética. Desde este punto de vista musha shugyō puede ser traducido como “peregrinaje del guerrero”. Se asocia normalmente con la figura de un guerrero itinerante que mide sus habilidades luchando contra otros guerreros, pero también con la del guerrero que se embarca en ejercicios espirituales en templos budistas, santuarios shintōistas u otros lugares sagrados.

6 Satori/gongyū: Términos budistas para definir la “ilumiación” o una experiencia de “despertar espiritual”. Tienen connotaciones similares con la palabra “Musō” que describe un sueño o una revelación en la tradición shintōista.

7 Encarar situaciones extremas como enfrentarse a la muerte u otro peligro produce tres posibles reacciones; pelea, huida o parálisis.

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