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Una pequeña puesta en antecedentes

Escrito por Meik Skoss

Traducido por Vicente Borondo

 

Empecé estas series con una columna titulada ¡Quien, Que, Cuando! y dije entonces que el tópico principal serían las artes y vías marciales clásicas y las diferentes escuelas o estilos familiares y no colaterales incluidas en estas disciplinas varias. Me centré en la descripción de tradiciones específicas en mis subsecuentes columnas, pero lo que me gustaría hacer esta vez es discutir sobre los orígenes del kobudo japonés y dar una breve visión general de campo.

Aunque el entrenamiento sistemático en el uso de armas y métodos para su uso en la guerra ya existía mucho antes, en general se cree que el desarrollo de tradiciones marciales, escuelas o estilos (ryu-ha) no comenzó hasta después del periodo Heian (794 ñ 1185). El entrenamiento principal era el estudio del arco (yumi), la espada (tachi) y la lanza (yari). Inicialmente estas armas no se estudiaban en artes diferentes. Por el contrario, debido a que lo necesario era la preparación para el combate en campo de batalla, muchas armas diferentes, estrategias y habilidades tácticas se estudiaban como parte de sistemas integrales (sogo bujutsu). Desde la mitad del periodo Muromachi (1480) al principio del periodo Tokugawa (1605) la gente empezó gradualmente a especializarse en un arma en particular o en un sistema, especialmente el arco, la lanza, la espada, la lucha y el arte de montar y manejar a un caballo. Los guerreros se juntaban en grupos centrados en una familia o entrenaban con otros miembros del feudo. A medida que las técnicas y métodos de estos grupos se volvieron mas y mas centradas en el individuo, o a medida que ciertos maestros lograban revelaciones particulares sobre la naturaleza esencial y los principios del combate, surgieron discretas tradiciones o estilos marciales (bujutsu ryu-ha). Esto comenzó a ocurrir al principio de la era Keicho (1600), cogió ímpetu a lo largo del periodo Tokugawa (1600 ñ 1868), y ha continuado incluso dentro del siglo veinte.

Las zonas mas famosas para el desarrollo de las tradiciones marciales clásicas (koryu) están localizadas, según el dicho, en la región de Kanto; íHeiho wa Togoku karaî ñheiho viene del Este, refiriéndose al área de Kanto alrededor de Tokio (Heiho significa marcial o artes militares; estrategia). Los santuarios de Kashima y Katori están situados a uno y otro lado del río Tone en las prefecturas de Ibaraki y Chiba.
En ellos están consagradas dos de las deidades marciales sintoístas mas importantes: Takemikazuchi no Mikoto (Kashima Jingu) y Futsunushi no Kami (Katori Jingu). Ellos, junto con la diosa budista Marishiten, sirven como patrones y deidades protectoras a muchas de las tradiciones marciales. Documentos históricos muestran claramente que jóvenes guerreros se juntaban, o eran mandados por sus maestros, para recibir entrenamiento avanzado en estos dos santuarios, que se convirtieron en centros para las artes marciales después del final de la era Heian. Con el tiempo esto llevó a la fundación de las más antiguas tradiciones formales conocidas en las artes marciales; la Kashima Shinto-ryu y la Katori Shinto-ryu.

Durante el periodo Muromachi (1333 ñ 1568), cuando los bujutsu ryu-ha empezaron a formarse, famosos guerreros tales como Aisu Ikkosai y Kamiizumi Isenokami Hidetsuna (después llamado Nobutsuna) de la Kage-ryu, Chujo Hyogonosuke de la Chujo-ryu, Iizasa Choisai Ieano de la Katori Shinto-ryu y Tsukahara Bokuden de la Kashima Shinto-ryu viajaron por todo el Japón para entrenarse como guerreros (experiencia conocida como musha shugyo) para mejorar sus habilidades y entendimiento del combate, y también para enseñar sus estilos individuales y sistemas a guerreros locales y aquellos a los que habían enseñado anteriormente en sus carreras. Con el tiempo esto llevó al desarrollo de sucursales (bunryu) o facciones (bumpa), que a su vez se convirtieron en la base de cientos de otras escuelas establecidas en cada uno de los dominios feudales (han).

Después de la mitad del periodo Tokugawa y el firme establecimiento de su gobierno feudal militar (bakuhan seido), los señores de los grandes y pequeños feudos (daimyo, shomyo) compitieron en atraer guerreros famosos por sus habilidades en la lucha, y los colocaban como instructores en escuelas oficiales. Estos hombres enseñaron a los señores y sus sirvientes hereditarios como profesionales, estando durante un periodo de tiempo y luego yéndose a otro sitio. No era del todo infrecuente que una escuela particular se estableciese en un área específica y se convirtiese en parte permanente de su curriculum marcial. En algunos casos un sistema marcial era designado como íescuela oficialî (otome ryu), apoyada y esponsorizada por el señor feudal local. Literalmente, este estatus oficial significaba que el estilo no podía ser estudiado por guerreros de fuera de ese feudo en particular. Recientes estudios sugieren sin embargo que esta prohibición a los guerreros de otros feudos o a los instructores para que no saliesen de las áreas del clan nunca fue absoluta y que fue casi con seguridad la excepción en vez de la regla. La proscripción era mas nominal que otra cosa, dado el hecho de que había un tráfico constante de guerreros entre Edo (lo que hoy es Tokio), sus propios feudos y otros por asuntos oficiales. Documentos contemporáneos revelan que no era tan poco común para los bushi (guerreros) el que solicitaran o el que fuesen enviados a entrenar las tradiciones marciales o escuelas de otros clanes. Los daimyo entonces, establecieron escuelas territoriales (hanko) donde sus guerreros podían estudiar tanto temas académicos como militares, incluyendo estilos locales practicados solo por guerreros de ese feudo así como escuelas mas famosas que tenían un seguimiento a nivel nacional.

De esta forma los ryu de bujutsu proliferaron tremendamente, íapareciendo como hongos después de la lluviaî según las palabras de una autoridad en el tema. Al final del periodo Edo había, según el Nihon Kobudo Sokan (Una Visión General de las Artes Marciales Clásicas Japonesas), unas 52 ryu-ha de kyujutsu (tiro con arco), 718 de kenjutsu (esgrima), 148 de sojutsu (manejo de la lanza), y 179 de jujutsu (lucha cuerpo a cuerpo). Sin embargo, los cambios sociales, económicos, y culturales que han tenido lugar en Japón durante los últimos ciento cuarenta años (desde la Restauración Meiji en 1868) han causado la desaparición de muchos ryus de kobudo y/o sus sistemas afiliados (bunryu, bumpa), dejando atrás nada mas que sus nombres.
Probablemente no hay mas que unos pocos cientos de estas escuelas marciales clásicas que continúan que hayan mantenido su curriculum técnico de una manera vital, junto con los documentos en los que se detallan su linaje y tradiciones.
Las artes marciales clásicas en Japón ocupan una posición muy tenue en la sociedad de hoy. No son ampliamente entendidas o estudiadas por japoneses o extranjeros y esto complica aun mas las cosas. El bujutsu se puede ver (justificablemente desde un punto de vista) como un anacronismo sin ninguna relevancia para la vida moderna. Pero también pueden ser vistos, con igual justificación, como una importante herencia cultural que puede informarnos y enriquecernos a todos, al margen de a que nos dediquemos, de donde venimos, o quienes somos. Quizá el hecho de que todavía existen, en el ajetreado entorno de la vida a principios del siglo veintiuno, es un indicativo de su vitalidad y adaptabilidad.

Copyright ©1994 Mike Skoss. All rights reserved.

N. del T. Este artículo ha sido traducido del original que podéis encontrar en el siguiente enlace: http://www.koryu.com/library/mskoss2.html

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